Si por el motivo que sea has llegado hasta este artículo es seguro que, en mayor o menor medida, en algún momento te habrás sentido atraído por el mundo de las apuestas deportivas, y si eso es así desde luego en más de una ocasión habrá revoloteado por tu cabeza un concepto, una palabra muy relacionada con este mundo, la suerte.

En mi caso, en cientos de ocasiones hé maldecido mi mala suerte, o por lo menos la ausencia de un poco más de la «buena», cuando un pronóstico no resultaba de la manera que yo esperaba ¿Os suena? Pues bien, he aquí una historia de esas de las que se pueden sacar hasta un tinte filosófico: ¿Y si la suerte hay que trabajarla?

Si estamos hablando de trabajar, el paradigma del trabajo duro y bien echo siempre ha sido la cultura alemana. Fríos, meticulosos, analíticos… Por el contrario, a los mediterráneos o latinos siempre se nos ha considerado movidos por el corazón, por los impulsos. Pues bien, una de esas historias que hicieron que los alemanes demostraran que, por lo general, la suerte se trabaja, fue la ocurrida durante la tanda de penaltis del mundial 2006, en el que la propia Alemania era organizadora.

 

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El 30 de Junio de 2006 más de 70.000 personas acudían al Olímpico de Berlín para presenciar los cuartos de final del mundial 2006 que enfrentaba a la anfitriona contra Argentina. El partido ofreció todo lo que cabía esperar de unos de los duelos más repetidos en la historia de los mundiales, faltas, tensión y emoción hasta el final. Argentina se adelantó en el marcador tras un córner, empató para Alemania el «eterno» y máximo goleador de la historia de los mundiales Miroslav Klose. Tras los 90 reglamentarios, la prórroga, no hay goles, así que ambos equipos se dirigen  a la tanda de penaltis.

Ambos equipos se encuentran haciendo el corro donde todos los entrenadores han de desplegar todos sus conocimientos de psicología deportiva y motivacional, pero hay alguien que está dispuesto a ser mucho más pragmático. El entrenador de porteros alemán, Andreas Kopke, se dirige al portero titular del equipo germano, Jens Lehman, que había relegado al mismísimo Oliver Khan al banquillo y hace entrega de un misterioso papel al guardameta justo antes de que comience la llamada «suerte» de los penaltis.

En el trozo de papel aparecía una lista con los lanzadores habituales de las penas máximas del equipo argentino, así como una descripción de como y hacia donde solían realizar los lanzamientos. En cierto modo una recopilación estadística que trataba de pronosticar una variable incierta, ya captareis por donde voy.

Alemania marca el primero y es el turno del portero teutón, que se dirige a la portería repasando los apuntes que le había echo llegar el bueno de Kopke. Los argentinos, le observan con curiosidad, incluso con algo de preocupación. Lehmann repasa las notas y encuentra el nombre de Cruz, el 1º lanzador argentino que se dispone a chutar. El portero adivina el lado, pero el penalti va bien tirado y no consigue atajarlo.

 

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Ballack anota el 2-1 y es turno ahora para el mítico Ayala. Lehmann vuelve a consultar la nota y encuentra el nombre del central junto con la anotación «Carrera larga, derecha». Ayala chuta, Lehmann detiene la pelota con una increíble seguridad. ¿Suerte? Yo creo que no, Alemania se pone en disposición de anotar el 3-1. Podolsky hace su trabajo y anota frente a Leo Franco. Es ahora turno para que Maxi Rodriguez trate de reducir diferencias. La chuleta vuelve a escena, el nombre del argentino también aparece junto con la indicación de hacia donde suele tirar los penaltis. Lanza y en esta ocasión Lehmann solo consigue rozar el balón, que acaba entrando, 3-2. Pero nuevamente había conseguido «adivinar» hacia donde iría la pelota.

Para ese momento, Argentina ya anda con la mosca detrás de la oreja. Borowski marca el cuarto, y Cambiasso deberá anotar para que Argentina siga con opciones en el último lanzamiento. Hé aquí la curiosidad de esta historia,  Jens repasa su nota pese a que sabe que el nombre Cambiasso no aparece en ella, el argentino, logicamente desconoce si eso es así, pero se dirige al punto de los 11 metros con cara de preocupación. El portero alemán ha conseguido predecir la dirección de todos los lanzamientos y psicologicamente este echo le hace mella. Se dirige al esférico y realiza un mal lanzamiento, casi al centro, la presión de la chuleta ha podido con él. Alemania está en semifinales. Kökpe se puede ir a casa con una sonrisa en los labios.

¿Como aplicamos esto a nuestras apuestas? Pues siendo un poco germánicos: fríos, meticulosos, analíticos…Hoy día en que toda la información puede ser registrada y analizada, podemos servirnos de herramientas como las estadísticas, para tratar de tener un poco más de «buena suerte».

 

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